Una fotografía, mil palabras

Autora: Aida Rebull

Quien disfruta con la fotografía está enfermo por la imagen.

Busca la armonía o la imperfección en sus formas.  Piensa en los colores o en la ausencia de ellos. El juego del contraste, la luz que atraviesa, el día o la noche. Mantiene la paciencia extrema entre la cámara y el escenario, acechando al instante, y ese encuadre. Decidido a que sus ojos sean máquinas “captantes”.

Adicto a la experimentación con el movimiento o la quietud y lo abstracto de un gesto. Lo inusual o lo más cotidiano de la vida. Poder meter en una foto lo inmaterial de una sonrisa en algo que se puede ver y después palpar.

Quien disfruta con la fotografía está enfermo por el paso del tiempo.

Ansioso por atrapar lo que ve, para que no se le escape el momento. La caída de una gota, el vuelo de un pájaro… Caza los recuerdos con esmero para que nada se le olvide ya que todo es caduco y la vista tanto no retiene. Compartir las experiencias y revivir lo que ya no está o está muy lejos o demasiado cerca o se ha ido muy rápido.

Quien disfruta con la fotografía está enfermo de palabra porque ve en la imagen lo que con ella le faltaba.

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