2ª Etapa

10 DE AGOSTO DE 2009
LA FABA – TRIACASTELA (25 km.)

Autora: Aida Rebull

No sé porqué la gente se empeña en salir tan pronto de los albergues, esto parece una carrera por llegar hasta la etapa siguiente. Quizás fuera para no coger el calor del mediodía, pero en realidad es para tener sitio donde dormir. De hecho, hoy hemos llegado bastante tarde a Triacastela y casi no encontramos alojamiento.

Hemos salido a las 6:30 del albergue rumbo a O Cebreiro, el primer pueblo de Galicia en el camino. El trayecto, a pesar de ser pesado, ha sido precioso; cruzar los montes frondosos de León viendo como salía el sol y lo cargaba de color. Ya no nos ha acompañado el río pero hemos seguido con el frescor de los altos helechos para pasar después  a un ambiente más rural con olor a eucalipto y ganadería.

O Cebreiro es un pueblo frío y misterioso, medio cubierto de niebla y de humo de las chimeneas. Es una vuelta a la época celta con sus pallozas; unas cabañas de piedra y paja que acogen al peregrino con chocolate calentito. Después del descanso, nos hemos comprado la vieira peregrina y nos la hemos colgado en la mochila. Después hemos seguido caminando hasta llegar a un pueblecito ganadero llamado Fonfría, allí nos ha recibido una anciana que gustosamente nos ha ofrecido unas filloas recién hechas, calentitas. Más adelante, mientras pasábamos por un enterrado sendero nos hemos encontrado con un grupo de vacas frisonas, con sus ubres a reventar; venían hacia nosotros lentas pero imponentes. Verlas de cerca impresiona y aunque ellas tienen más miedo que nosotros, Víctor no ha podido evitar preguntar a la pastora si eran inofensivas. Dueñas del camino nos hemos tenido que apartar para que pasaran ellas y su parsimonia.

Todavía recuerdo la subida del Alto do Poio y la árida bajada hasta Triacastela. El descenso empedrado, interminable y terrible de casi dos horas hasta llegar el final de etapa. Con las piernas forzando contra la pendiente y la cabeza contra el calor; enfrentándome al cansancio, el dolor de rodillas y tobillos y las ampollas nuevas que estaban empezando a aparecer. A medida que pasaban los kilómetros nos sentíamos más resentidos. Hemos empezado a sentir, en el segundo día, el dolor incondicional de cada zancada. El ardor a veces era desmesurado y te bloqueaba, pero había que continuar. Ya se nos ha quitado la osadía del primer día, hay que tenerle respeto al camino. A duras penas hemos llegado a Triacastela, no sin antes pasar por varios pueblos que tan pronto nos daban la ilusión de que ya habíamos llegado nos la quitaban al saber que todavía no eran la meta.

Autora: Aida Rebull

En el camino nos encontramos con gente que lo hace más fácil, pero no todos tienen la misma disposición. Mientras comíamos ha llegado una señora de 72 años agotada, quería comer pero la cocina ya estaba cerrada. Al final, le hemos invitado a nuestra mesa. Otras compañeras de camino le han cedido una de sus camas y al final la hemos convencido de que no siguiera por hoy. Marina es una peregrina auténtica; es monja y quiere llegar a Santiago por fe. Pero es que además tiene una fortaleza tremenda, a sus años lleva un ritmo más elevado que nosotros, por eso creo que el Camino no tiene edad.

Más imágenes de mi Camino

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