3ª Etapa

11 DE AGOSTO DE 2009
TRIACASTELA – SARRIA (28 km.)

Autora: Aida RebullYa estamos en la tercera jornada de nuestro camino y desde salimos pronto desde Triacastela, donde se bifurca el camino; nosotros hemos decidido que merece la pena hacer 5 Km. más y ver el monasterio de Samos. Antes de llegar al pueblo, hemos recorrido lo que seguramente será lo más bonito de toda nuestra trayectoria. Durante dos horas nos abrazaban los árboles desde el cielo mientras que caminábamos por suelo esponjoso y a veces crujiente por la hojarasca. El verde sobre verde reinaba entre nosotros, olor a musgo y frescor en la piel. El río sonaba con fuerza y se alzaba al ambiente creando niebla; bosques frondosos entre niebla baja. Qué belleza, nos adentrábamos en un nuevo mundo salvaje y virgen, alejado de la civilización donde sólo estábamos nosotros, el canto de los gallos y el crujir de nuestros pasos.
Después de este sueño matutino, nos hemos encontrado de frente con el monasterio benedictino de Samos. Se alzaba poderoso sobre el valle, robusto y majestuoso. Nos sorprendió la juventud de los monjes tanto como la moderna estética ya que, después de varios incendios y restauraciones salomónicas, el claustro lucía unos frescos caprichosos de artistas modernos.
Me he dado cuenta del negocio que supone el Camino; hoy hemos pasado por un pueblo donde no creíamos que hubiese nada más que nosotros y de un rincón nos ha aparecido una máquina de refrescos que, encima, funcionaba. En los tiempos que corren el avispado tiene premio.
La segunda parte de la etapa ha sido bastante más árida y monótona. Al final hemos quedado rotos y he llorado de dolor porque tengo los pies llenos de ampollas y me hierve el tobillo izquierdo; menos mal que desde hace unos días Teresa me ha dejado uno de sus bastones. Los últimos 5 Km. han sido aterradores. Un calor de asfalto del mediodía rebotaba en mi cabeza. Hay que seguir, hay que seguir.
Sarria es el final de etapa más grande de todo el camino, tiene más de 10.000 habitantes y hemos tardado casi una hora más en encontrar la pensión. Ya no había más alojamiento en toda la ciudad y nos hemos a tenido que amoldar a una habitación vieja y desastrosa. No hemos ni comido del cansancio que teníamos y hemos caído rendidos en la cama.

Más imágenes de mi Camino

Autora: Aida Rebull


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